Jose Ángel González – Blog

un cable transmisor

bum, bum, bum, bum

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[foto: jose ángel gonzález]

[foto: jose ángel gonzález]

Una lluvia de puñetazos. Sin color. Solamente sonido. Bum, bum, bum, bum. Olas de sonido. Bum, bum, bum, bum. Dicen que los cuatro golpes iniciales de batería de Be my baby contienen todos los secretos. Phil Spector trabajó durante semanas en esos primeros golpes. Bum, bum, bum, bum. Mis manos descargan un fardo de piel y huesos contra la pared. Estas manos que ayudaron a nacer a un niño, rompieron un cuello, sostuvieron algún ejemplar de la Biblia. Los puñetazos parecen música en este barrio. Podría componer con ese ritmo. Bum, bum, bum, bum. Algunos sonidos son herméticos, guardan resquicios que puedes traspasar. Por ejemplo: el balbuceo de mis pies en las sábanas, rascando escamas de piel, las uñas rotas enganchándose con el tejido sintético. Podría componer con ese fondo. Podría redactar un testamento de células muertas. Alguna música puede despertarte. Por ejemplo, una lluvia de puñetazos. Bum. Etcétera. Es demasiado tarde. Siempre es demasiado tarde. No merezco esto. Estoy sudando. Es tarde. Nunca es pronto en mi vida. Salgo. La calle no tiene secretos para mí. Estoy dormido, pienso. Un somero retrato del barrio, en panorámica urgente. Estas son las noticias. Una patrulla policial vigila sin discreción el camión de reparto de metadona, patrocinado por la misma entidad bancaria que guarda las ganancias de los traficantes. Los agentes, fondones, están a punto de jubilarse. Hablan con los yonquis, resecos, también a punto de jubilarse. Los escolares pasan, mascando plástico. Las mujeres pasan, mascando plástico. Adaptación al medio. Biología aplicada. Voy al No Pain Café. Siempre voy al No Pain Café. Siempre es el lema de mi escudo de armas. Me gusta transferir. Puedo transferir el contenido (incierto) de este vaso de plástico a mi organismo. Transfiero sin rechistar. El local. Hablemos de este local que es un ashram, un dojo de perdición. En la entrada han colocado un cuadro de gran formato —tela, nada de papel, nada de mariconadas de acuarelistas en el No Pain— de una ciudad en llamas y boca abajo. Nadie sabe quién es el autor. La paquetera oficiosa del local es Stella, «con ese inicial». Nació en uno de esos países tropicales donde las mujeres reciben como regalo en el décimo cumpleaños un pantalón de látex que no se quitan nunca: crece con ellas, adaptándose. Stella vende de todo. Yo compro. Siempre. Estas manos pagan el precio. Luego darán puñetazos.

[Publicado en la revista Calle 20 —  PDF]

Written by Jose Ángel González

30 de noviembre de 2012 a 0:57

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